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REFERENTES/ Alfredo Abalos

REFERENTES/ Alfredo Abalos

Alfredo Abalos

Un corazón de latido salitroso

“Hay que seguir cantando: es lo único que nos queda”

Los recitales del Carnota, Chango Farías Gómez y Alfredo Ábalos, eran recitales impredecibles, donde como en una película de Luis Buñuel, sabías qué podían llegar a cantar, pero nunca qué tan superiores iban ser sus “misas musicales” que las veces anteriores. 

Alfredo era intérprete y bombisto. En su manera de cantar era como un Gardel criollo, dueño de un fraseo magistral. En cuanto al bombo, amo de un swing imperioso. De sus parches resecos salían los sonidos, tanto el sonido de los pasos sobre la madrugada en el empedrado, como del minero golpeando la piedra en el socavón. 

El más santiagueño de los porteños. 

Nació y creció en zona norte de Buenos Aires, pero Alfredo un día mudó su cuero a Santiago del Estero y esa mudanza engrandeció su oratoria nacionalista, pero no ese nacionalista frecuente que oímos en los medios, sino del hombre que se acostumbró a defender una identidad lejos de la contaminación de la multinacionales y la industria de la música. 

Desde el folklore de raíz y con una mentalidad actual, conquistó más territorio de jóvenes que de gente de su generación 

Las comparaciones en la música suelen ser verticales y con dedo en alto, cosa que él hubiese detestado, ya que se enojaba mucho cuando a Carlos Carabajal lo llamaban el “Padre de la chacarera”. “¿Y qué hacemos con Julio Argentino Jérez, con Andrés Chazarreta? Un día le dije en joda a Carlos que si él era el padre de la chacarera, yo era el tutor”. 

El Bombisto 

En San Isidro tenía una barra de chicos y chicas que le gustaba el folklore. De ahí surgieron Pedro Farías Gómez, Marian Farías Gómez, entre otros. 

En Beccar tocaba con el grupo de Alberto Ocampo. Su bombisto era Pichi Acosta y un día debió regresar a La Rioja porque había enfermado su esposa. Alfredo Abalos ofreció sus servicios, y empezó a tocar el bombo profesionalmente con Ocampo. Tenía 16 años. Si no hubiese destacado como cantor lo hubiese hecho como bombisto. “Hago un redoble especial con mi bombo. Pero jamás salgo del ritmo. La música de Santiago tiene un corte muy especial. Cuando entró Diego de Rojas en Santiago, en el siglo XIV, venía con mucha gente del Cuzco, que hablaba quichua, y con negros. Quedó el ritmo del negro y el idioma quichua. Y además la guitarra española, toda esa simbiosis entre África, Europa y América. De ahí el bombo, y el swing de la música de Santiago”, le contó a Página/12.

El cacique

Robarle una sonrisa a Alfredo Abalos era difícil, porque en vez de pedirle que suba el volumen de su música había que acercar el corazón. Hacía tiempo que se había refugiado en su Barrio “8 de Abril” de Santiago del Estero. 

Verlo tocar el bombo era la imagen de un cacique escoltado por  “La Pesada Santiagueña”, el grupo de sus hijos Martín (guitarrista) y Santiago (violinista), que el mismo Alfredo bautizó y que conjugan la génesis montaraz con una actitud rockera, y que pueden degustar en un banquete tanto a Los Redonditos de Ricota como a Los Andariegos, son esos rasgos que son los “alfredianos y alfredianas” podíamos meditar.  

El “¡Vamos muchachossss!” en el interludio de cada chacarera o el “Que lo parió. Son una ruina” con que finalizaba cada canción eran parte del ritual de esa misa. Una vez Jaime Roos dijo que “un buen intérprete debe elegir un buen repertorio para trascender como cantor”. Los temas que canta Abalos eran parte de un “rosario” en sus recitales y hasta algunos casi autobiográficos como el que escribió con su amigo “Cacho” Valles en “La doble sentenciosa”:  “No me gusta incomodar, ni conversar con cualquiera/  Y si alguno se aburriera, por culpa de lo que digo/ O se tapa los oídos, o puede irse pa’ fuera”. 

Zamba del silencio.

“El día que entendamos que tenemos que pelear por la identidad, entenderán todo. Por eso los anglosajones programaron la debacle del continente, empobreciendo a los países y haciendo que se peleen unos con otros, sabiendo que, como dicen, un día de guerra son cien años de odio. Cuando estoy arriba de un escenario sé que estoy frente a gente que por ahí no tiene un peso para comprar un libro, y que tengo la posibilidad de decirle: “Escuchá esta chacarera, mirá esto que dice acá, ¿qué te parece?”. Eso me reconforta el alma. Debemos lograr ser un pueblo con identidad, para liberarnos culturalmente” dijo en esa última nota para página 12. .”

Mercedes Sosa lo amaba, la música lo amaba. Alfredo, como Pichuco en el bandoneón , adormecía su entonado corazón sobre zambas y chacareras. Existen cantores y músicos transgresores, que crecieron a orillas del camino, alejados de la contaminación del marketing y las picadoras publicitarias de las grandes urbes, Alfredo es eso , sigue creciendo estoico y firme, como el jume en el salitral.

Un 21 de abril nació Abalos. Taurino indomable. Aún lo veo hechicero en el escenario y cantar  la Zamba del Silencio y hablarle a sus manos cuando no encuentra el bombo “Las veo quietas vencidas Caídas en mis rodillas. No les encuentro acomodo Como si no fueran mías.

Silvia Majul
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